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(Por Jorge Inzulza)

Las tradiciones que marcan

Jueves 21 de septiembre de 2006.
 
Hoy 21 de septiembre se celebra nacionalmente el día del trabajador radial. Una fecha en la que sagradamente se descansaba salvo la emisora de turno, que seguía transmitiendo para que los trabajadores radiales tuvieran su momento de tranquilidad.

En la radio no hay cartas de ajustes y las pausas por comodidad son más notorias porque cuando uno se blande con la palabra, las bocas cerradas suenan más fuertes.

Ésta es la primera vez que vivo esta fecha importante desde adentro de un estudio. Cuando niño muchas veces me pregunté por qué una vez al año, en el dial se multiplicaba la estática. Luego vine a comprender que se trataba de una tradición , aunque visto desde ahora, hasta las más arraigadas costumbres se pueden doblegar.

El punto es por qué se llega a este estado. Los más diplomáticos señalarán que cuando nadie transmitía, era el paraíso de las radios piratas, mientras que los más honestos nos diran en voz baja que es por "la competencia", es decir por un criterio netamente comercial.

Las radios en Chile, por lo menos las más recordadas, tienen su parte comercial por un asunto de solvencia, pero su fin no era ni es ese. Se ofrecia compañía, talento, teatralidad, información, risas, confidencia, consejos y llamados de alerta. Hoy el menu ofrece cosas como lavados de imagen, falsa responsabilidad social, productos, promociones y formulas internacionales de hacer programas.

Frente a este panorma podemos proponer una tradición, en la que no sólo participen quienes están dentro de las radios, sino los estudiantes de Periodismo, los dueños de emisoras y los radioescuchas en general. Exigamos contenido, pero en un sentido más amplio.

Premiemos a los que hacen más que informar por cumplir con el boletín horario, llamemos a las emisoras cuando no nos parece algo, valoremos a las voces disidentes que se dan la molestia de presentar fundamentos en temas de interés. Si la radio es íntima, y los que diariamente transimtimos hablamos hacia el oido de los auditores, entonces exigamos más que dulces tonos y productos disfrazados de primicias. Hagamos de la información y la conversación genuina y novedosa una buena costumbre en nuestras ondas.

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